Domingo 11 de febrero de 2007
Sin falta, desde hace más de cinco años, don Tomás Basto Wilbert, de 73 años, llegaba cada sábado trajeado, de sombrero y con su bastón a la plaza de la Ciudadela en busca de su pareja de baile: la rubia con el número 122.
Las canciones de la Sonora Matancera eran sus favoritas.
Pero la tarde de ayer la lluvia y el viento que azotaron la ciudad de México provocaron la caída de un rayo que le quitó la vida y dejó gravemente heridas a cinco personas más.
Eran las 16:15 horas y la orquesta Aragón había dejado de tocar. Muchos de los bailadores se resguardaron de la lluvia que comenzaba a caer.
Don Tomás se sentó en una jardinera, abajo de un gran árbol situado frente al teatro Ciudadela.
“Se oyó un tronido bien fuerte, seco. Una señora cayó hecha rosquita y otros bien extendidos”, narró Jorge Apolo Vázquez. Todos quedaron asombrados por las huellas que dejó el rayo en el tronco.

Información obtenida de El Universal