Por Anahí Parra
Este viernes 5 de octubre a las 21:30 horas, saldrá de la explanada de Bellas Artes una caravana para protestar en contra de los clubes nocturnos que no permiten la entrada a los miembros de la comunidad LGBT.
Este acto está motivado por lo sucedido el sábado 22 de septiembre a la cantante Regina Orozco quien intentó entrar a El Oasis, famoso bar gay ubicado en República de Cuba. La cantante iba acompañadade Carlos Bieletto y Roberto Cabral, ambos caracterizados de drag queens. En la entrada, el personal de “seguridad” les negó el acceso argumentando que “las vestidas son muy liosas”. Ante dicha negativa, Regina Orozco pidió hablar con el dueño del bar, quien dio los mismos argumentos, señalándole la salida.
La cantante pidió el apoyo a los parroquianos del lugar, pero desafortunadamente ninguno de ellos acudió al llamado de solidaridad. “Nadie me hizo caso, creo que se debe a la falta de solidaridad y de conciencia social que impera en buena parte no sólo de los gays, sino de los mexicanos en general. Me sorprendió su actitud porque si históricamente han sido rechazados, este tipo de actos sirven para tomar conciencia, sin embargo, no fue así”, declaró la cantante.
La caravana servirá, espero, para matar dos pájaros de un tiro: primero, el de convocar a la comunidad LGBT a unirse a la denuncia, a salir a las calles, defender el derecho y la necesidad de ser visibles y, sobre todo, servirá para demostrar que sin solidaridad no se llega muy lejos. Al contrario, el terreno ganado se puede ir de las manos en cuestión de milésimas.
Y segundo: la caravana servirá para denunciar a lugares como El Oasis o el legendario club La Perla, en donde el espectáculo principal–por no decir la atracción principal–es un show travesti, pero donde los meseros pidieron”discreción” a una pareja de lesbianas amigas mías por besarse sin censura, no fuera que los clientes se molestaran.
En su momento, estos espacios, caracterizados entre otras cosas por encontrarse en barrios de mala muerte tuvieron el buen tino de abrir sus puertas a un sector que no tenía muchas opciones, que se enfrentaba a manifestaciones homofóbicas si osaba entrar a otro tipo de bares. Tanto El Viena, como El Oasis o La Perla eran clubes de baja ralea en donde la tolerancia imperaba en cierta medida porque se seguía la filosofía de que en el barrio todo se acepta, sobre todo si es negocio.
Durante los noventa estos clubes se sometieron a remodelaciones y cambios de dueño que atrajeron a las clases medias, siempre dispuestas a explorar nuevas aventuras de la vida nocturna. Desde esta perspectiva, el travestismo y gays con apariencia muy varonil tirando a machos traileros no son para nada despreciables.
Pero parece que los dueños de los bares se olvidan–si es que alguna vez lo supieron–que sus negocios fungen como verdaderos centros de reunión y sí, diversión, pero para más de tres sectores distintos entre sí que hasta ahora no pueden tener empacho en convivir bajo un mismo techo sin los parámetros de doble moral que ahora parecen imponerse.
La comunidad LGBT, la discreta y la no tanto como las vestidas (lo digo con cariño), no puede ser confinada a la clandestinidad, simplemente porque eso signifca silencio, impunidad y tácito acuerdo con estándares contradictorios definidos por aquellos que sólo defienden intereses empresariales sin tomar en cuenta el público que les ha ayudado a amasar una pequeña fortuna.
Me encantó tu artículo Anahí muy cierto lo que dices y lo que pasa, no sólo en esos tres antros si no en todos los dirigidos a la comunidad LGBT; los cuales son propiedad y están dirigidos por gente que no solidarizan con la comundiad ya que ni si quiera son gays, lesbians o vestidas(igualemente con cariño), pero no es ese el problema, el problema radica en que sólo ven en ella una mina de oro con la cual pueden explotar sus intereses oligárquicos en el ambiente gay. Como dices, hace falta solidaridad para no permitir eso, en el caso que mencionas no dejaron pasar a dos personas travestidas, en otros lugares no dejan pasar al amanerado y en otros, peor aun, impiden, de manera misógina, el libre acceso a las mujeres peromitiendo sólo un número restringido de ellas. Con decir, que esto ha llegado a tal punto que hay antros del ambiente LGBT que han adoptado la modalidad de cadena en la entrada. En fin, hay mucho por hacer, es imperdonable que dentro de un grupo discriminado se discrimine; pero a fin de cuentas seamos lo que seamos: gays, lesbianas, bisexuales, bugas, transexuales, travetis o trasgénero, nunca dejamos de ser mexicanos