Por Anahí Parra
No es necesario entrar en descripciones detalladas, sino sólo entender un principio fundamental: a nadie le gusta que lo toque un desconocido. Mucho menos cuando es hora pico, sudas en medio de un mar de gente que–también–suda y sabes que llegarás tarde al trabajo. De verdad, sentir la proximidad de un inútil que no puede con su propia vida te puede amargar el resto del día. Y en el caso de algunas obsesivas como yo, el resto de la semana.
Dentro del paquete de reformas que Marcelo Ebrard preparó está el recién inaugurado la campaña “Viajemos seguras” que consiste en implementar vigilancia constante especialmente en las líneas 1, 2 y 3 del metro para evitar el acoso a las mujeres que se transportan en este medio. El programa contempla no sólo vigilancia, sino también una campaña con carteles y pulseras, así como la distribución de policía femenil en las instalaciones del metro, la Red de Trolebuses y el Metrobús.
Sin duda, la campaña emprendida por Ebrard es loable, pero lo triste del caso es que las nuevas medidas evidencian que separar a hombres y mujeres en los vagones no es suficiente y la explicación es muy sencilla: esa medida no logrará que la población masculina que viaja en metro entienda de respeto al espacio vital y el cuerpo ajenos. Al contrario, separar vagones significa enfatizar diferencias y asumir que los “varones”, como se les llama en documentos oficiales, no tienen por qué asumir responsabilidad alguna de sus actos porque es suficiente con tan sólo alejar el objeto del deseo (sí, literalmente).
Si la carta a los Reyes Magos de Ebrard resulta, el programa habrá una poca de esperanza para erradicar el acoso en los medios de transporte público: se instalarán cámaras de vigilancia, se promoverá la denuncia de todo tipo de agresiones y violencia sexuales; y el Instituto de la Mujer capacitará a lo servidores de diversas instancias capitalinas sobre derechos humanos y violencia contra las mujeres ypor último se dará capacitación a operadores telefónicos de la línea de emergencias 066 para lograr mayor eficiencia en la erradicación del abuso sexual en el transporte público.
Desafortunadamente la campaña no se puede hacer en dentro de los hogares chilangos….
http://www.naomiklein.org, la Doctrina del Shock, el último libro (y última polémica) de la autora de No Logo, la ha llevado a filmar un documental con el director mex Alfonso Cuarón e hijo, donde se habla de las formas de manipular a la población (étnias, colectivos, géneros…). Parecido a este programa de Ebrard, tener controlada a una parte de la población inutilizándola, el “tu no hagas nada, lo hacemos por ti” que tanto les gusta a estos políticos del XXI. Traducido: no pienses, atóntate que serás más manipulable, más vulnerable… ¡¡más feliz!! Qué sabio el bueno de Huxley… Y qué buena reflexión la de este artículo, Anahí.
Propongo que las mujeres mexicanas os pongais una burka para ir en metro. Así ocultareis-enfatizareis aún más el deseo.
Y si sobra tiempo, mejor empezar por las escuelas y educar a niños y niñas por igual, y si aún sobra más tiempo, crear programas de autodefensa feminista: la primera lección sería “Aprende a gritar NO”, la segunda “Cómo y por dónde agarrar bien los huevos”.
Chicas, gracias por el comment. Lo de la burka me lo pensaré, aunque igual sería mejor salir descaradamente en bikini y a ver qué pasa…!
Yo vivo en Nueva York desde hace tres años, pero antes de llegar aqui ese programa ya se implementava en la linea que corre de Pantitlan a la Paz. Y lo que hacian era dividir el comboy en dos una mitad para hombres y la otra para mujeres, y lo que dices es cierto eso no soluciona el problema.Y quiza seria aun mejor que los hombres usaran los bagones que les corresponden por cuanta propia y no por que alguien les diga.